En el siglo XVIII, antes de la Revolución Francesa, dio comienzo un periodo de ilustración y de acercamiento hacia las ciencias ocultas, destacando Friedrich Anton Mesmer, hombre culto, conocedor de la Filosofa. La Teología, el Derecho y la Medicina. Fue el precursor y defensor de la hipnosis a través del Magnetismo animal, que diferenciaba claramente del físico.
     Se trataba de un método terapéutico, extravagante y a veces efectivo, basado en la teoría de que el ser humano posee una carga magnética que se podía utilizar para fines curativos.
     Mesmer, defendía la existencia de una energía eterica en el Universo, que irradiaba magnetismo y causaba el influjo mutuo entre los astros del macrocosmos, y cuya influencia afectaba al cuerpo humano como microcosmos receptor. Esta energía condicionaba, alteraba y modificaba el sistema nervioso del hombre por la fuerza de atracción que sufría, como si de un gran imán cósmico se tratara.
     El magnetismo se aplicaba a través de pases con las manos sobre los pacientes. Crea un estado alterado de conciencia en la persona que lo recibe y provoca extraordinarias reacciones psicosomáticas favorables en el organismo, que estimulan la regeneración del cuerpo y de la mente. También magnetizaban el agua de unas cubas que tenían unas varas de metal, a las cuales se agarraban las personas que acudían a ellas.
     El mesmerismo ó magnetismo animal, produce un estado de trance similar a la hipnosis y crea en el orden mental una fuerza psíquica que infiere en el organismo. Algunas técnicas psicoterapéuticas tienen una extraordinaria similitud con el antiguo método de Mesmer, pases de manos con luz apropiada, imposición de imanes y música suave. Dichos procedimientos corresponderían a la terapia de sugestión, a la color terapia, a los signos psicológicos y a la músico terapia. todo ello indica que en las terapias magnéticas influye poderosamente la capacidad de sugestión del individuo.
     Pero, las primeras referencias que se tienen sobre el magnetismo proceden de estudiosos como Agripa, Rabelais, Cardano, Paracelso, Pafre, y otros investigadores. En realidad fue Paracelso (1.493-1.541), filósofo, teólogo y médico, quién creó una doctrina, mezcla de naturalismo panteísta y un profundo conocimiento de la Naturaleza, en torno a los poderes terapéuticos del imán. Sobre esta base expuso la tesis de que la vida era alentada y regulada por la energía sideromagnética procedente de los astros. En sus campañas militares, como médico del ejército y aventurero por tierras de Asia, África y Europa, efectuó espectaculares curaciones de heridos y enfermos, realizó amputaciones y operaciones quirúrgicas valiéndose solamente del magnetismo. Estas curaciones fueron consideradas, en el siglo XVI, como auténticos milagros.
     El primer texto publicado sobre magnetismo del que se tiene constancia es el escrito en 1.636 por el matemático Daniel Schwenter, con el título de Deliciae Physicomatematique. En él se enseñaba como amansar a una gallina huraña por medio de pases magnéticos. En 1.646, el jesuita Anastasius Kircher (1.601-1.680) llevó a cabo la misma experiencia mejorada, a la que llamó el y la expuso en su libro Magnus, Lucis et Umbrae.
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