Remontándonos a los antiguos libros sagrados de todas las religiones del mundo, encontramos múltiples referencias a la existencia de otra vida espiritual del ser humano. La misma creencia se da en posteriores civilizaciones de la edad antigua, media y moderna. Son filosofías animistas que han persistido a lo largo de diversas eras, pero ninguna puede ser tenida suficientemente en cuenta por falta de datos fidedignos, por eso solamente podemos saber de los dos últimos siglos sobre los que si existen suficientes elementos de trabajo.
     El 31 de mayo de 1.848, las hermanas Margaret y Kate Fox de 15 y 11 años de edad respectivamente, tuvieron las primeras experiencias de comunicación con seres inmateriales. Ocurrió en su pequeña casa de campo, en Hydesville (Nueva York), a través de misteriosos golpes que daban en las paredes de una habitación primero, y después en los objetos de una casa. Eran golpes producidos, supuestamente, por entidades espirituales desencarnadas que, mediante el lenguaje de los golpes (Raps), se definían como .

     Este fenómeno no fue casual puesto que la casa en la que habían ido a vivir en 1.847 ya tenia fama de ser un lugar encantado. El anterior inquilino había oído golpes misteriosos y huyó despavorido. Con este hecho se produjo el surgimiento del movimiento espiritista, el cual se presento oficialmente en 1.849, en el auditorio de la ciudad de Rochester (Nueva York). Un año más tarde, el verano de 1.850, el periódico Tribune lo dio a conocer al mundo.

     En 1.855 en Francia, entró en escena el Dr. Hippolyte Rivaldi, más tarde conocido por el seudónimo de Allan Kardec. Del resultado de sus conocimientos obtenidos en sesiones espiritas rudimentarias, en las que estudiaba el movimiento de las mesas y cómo se producían las comunicaciones a través de la escritura automática, llegó a conclusiones positivas de la existencia de dichas entidades desencarnadas y creó el cuerpo filosófico que dio origen al espiritismo.

     Allan Kardec codificó el sistema de comunicación entre seres vivos y los espíritus desencarnados. A partir de 1.856 creó la nueva religión llamada Espiritismo, la que divulgó a través de revistas y libros monográficos, de los que sobresalen dos: El libro de los Médiums y El libro de los Espíritus, considerados dos auténticas Biblías de la filosofía espiritista. El resultado de todo ello fue la propagación de la nueva religión por Francia, Alemania, Inglaterra y América, donde arraigó con fuerza, especialmente en los países latinoamericanos.

     En Europa, en los albores del siglo XX, un médico alemán llamado Keener escribía textos sobre el mundo del espiritismo utilizando como base informativa comunicaciones efectuadas a través de una persona sensitiva. De esta forma surgió la figura del médium, un necesario traductor físico y psíquico que, colocado bajo estado de trance, tenía la facultad de mediar entre el mundo material, sensible, y el inmaterial o suprasensible.

     Intelectuales y científicos se interesaron por el estudio de esta nueva creencia filosófica, religiosa y, aparentemente, sobrenatural. El movimiento espiritista se expandió por el mundo durante los últimos cincuenta años del siglo XIX, dando lugar a un buen numero de médiums que modelaban y regurgitaban formaciones de fantasmas, de tipo ectoplasmático, sin llegar a probar la existencia real metafísica de los espíritus encarnados ni convencer al mundo científico.

     Participaron en las investigaciones prestigiosos científicos como el catedrático suizo de psicología Dr. Théodore Flournoy; el premio Nóbel francés Charles Richet, descubridor de los mecanismos auto inmunitarios de los microbios frente a los fármacos; el astrónomo francés Camille Flammarión; el psicólogo John Beloff de la Universidad de Edimburgo; el prestigioso psicólogo americano Dr. William James; el investigador y escritor Hereward Carrington; los científicos fundadores de la Society for Psychical Research (S.P.R.) Myers, Henry Sidgwick y Edmund Gurney; el escritor sir Arthur Conan Doyle, creador del famoso Sherlock Holmes, y una interminable lista de personajes de la ciencia y la cultura, hasta acabar por el mismísimo psicólogo y biólogo Dr. Joseph Banks Rhine, de la Universidad de Duke, padre de la Parapsicología.

     Se realizaron miles de experimentos en Europa y América, tras lo cual, por falta de pruebas convincentes sobre la existencia real de comunicación con los espíritus, el interés decreció coincidiendo con la entrada del siglo XX. Se volvió a reactivar tras la I Guerra Mundial debido al alto numero de muertos en circunstancias trágicas, por lo que los parientes vivos querían comunicarse con ellos para conocer en qué situación se encontraban, aunque poco a poco dicha praxis fue perdiendo notoriedad.

     El movimiento espiritista continuó vigente en Estados Unidos, y en Brasil arraigó profundamente como religión. Sin embargo, en el resto del mundo quedó como fenómeno de experimentación popular y siguieron practicándose sesiones de comunicación con los espíritus, básicamente con el tablero (término resultante de la contracción de los vocablos francés Ouy y alemán Ja, que significan Si).
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